jueves, 15 de octubre de 2009

tercer álbum: "Brand New Eyes"


Hayley Williams, de la banda de rock Paramore de Tennesse, lanzó el pasado 29 de septiembre su tercer álbum, Brand New Eyes, y, si las previsiones de ventas no fallan, encabezará la lista de éxitos en Estados Unidos. Paramore, liderada por la cantante veinteañera de espectacular voz Hayley Williams, se considera una banda emo o punk, denominaciones que, sin embargo, se quedan cortas. Los temas del grupo destilan un sufrimiento e ira no resueltos; pero son, en última instancia, demasiado entusiastas y optimistas como para ser lo bastante emo, y demasiado suntuosos y despeinados como para ser lo bastante punk.

Williams compone la letra de las canciones de Paramore junto con el principal guitarrista, Josh Farro, y ella es la estrella del grupo. Se decanta por zapatillas gastadas, camisetas ajustadas, y, para las ocasiones más formales, medias rasgadas e irónicas pajaritas. El color de su pelo cambia con frecuencia, aunque suele llevarlo teñido con un matiz de algún intenso y desafiante naranja. Su flequillo despuntado serpentea sobre su frente como si un estilista de lujo se hubiera afanado en él con una maquinilla desechable..

aire de chica problemática y trastornada, con su sonrisa, sin embargo, esa impresión se desvanece por completo. Sus dos paletas, un pelín grandes y separadas por un levísimo hueco, le brindan un aspecto adorable, entre ingenuo y todo lo contrario. Su pelo proclama que es una adolescente intratable; su sonrisa, que es de las que le saca al abuelo un aguinaldo de 25 dólares cada Navidad. En la música de Paramore late el pulso entre ese pelo y esa sonrisa.

‘Brand New Eyes’ es lo mejor que ha grabado el grupo hasta ahora y uno de los discos más estimulantes que han visto la luz en 2009. Lo estimulante aquí tiene menos que ver con el impacto de lo nuevo que con una reconfortante exaltación de lo cercano ejecutada con maestría. La grabación la produjo Rob Cavallo, quien ha timoneado magníficamente álbumes grandiosos de Green Day y My Chemical Romance, y, tras andar enredando un tanto en espacios oscuros y estrechos (‘Careful’, ‘Ignorance’), ‘Brand New Eyes’ se adentra en una serie de horizontes extensísimos, lleno de arrebatos catárticos apresurados y repentinos y drásticas caídas en picado. 'Feeling Sorry' y el anhelo torrencial de 'All I Wanted' son reminiscencias ejemplares del pop salpicado de punk de Blink-182 y Avril Lavigne (salvando una distancia esencial: estos artistas solían cantar con su estilizada voz lastimera mientras que Williams entona con nervio y firmeza).


En sus letras, Williams es también una evocación, que desentona con sus colegas, en su mayoría varones del circuito contemporáneo emo-punk, que vuelcan en sus letras farragosos acertijos de imposible análisis; frenéticas y estremecedoras confesiones y comentarios de ansia e impotencia. 'Panic at the Disco' pasó las primeras canciones de su debut discográfico imaginando a la defensiva cómo serían vilipendiados sus temas a posteriori. Por el contrario, las letras de Williams son transparentes y directas. Reflejan su profunda convicción en que distanciarse de la ironía es una droga que desvía hacia la suspicacia y la falta de honestidad, que corroen el alma. Como canta en ‘Brick by Boring Brick’: "If it's not real/ you can't hold it in your hand/ you can't feel it with your heart/ and I won't believe it". (Si no es real/ no puedes tenerlo en la mano/ tu corazón no puede sentirlo/ y no lo creerás). En sus temas, los villanos están directamente sacados de la angustia adolescente de Central Casting: maníacos del control, hipócritas, aprovechados y cretinos. Ídem que en sus grandes temas: la pérdida y el abandono. Si te sientes fuera de onda con el espíritu de la juventud de hoy, con su elaborado e inescrutable lenguaje de abrazos y mensajes de texto abreviados, consuélate con el hecho de que los adolescentes que idolatran a Paramore están a disgusto con casi las mismas cosas que te reventaban a los 15.

Puede que el aspecto más corriente de Hayley Williams sea su educación (creció en un hogar cristiano a las afueras de Nashville, Tennesse), unos orígenes que comparte con sus camaradas, los superestrellas Miley Cyrus y Taylor Swift (quienes se trasladaron a ese mismo estado con 13 años). Desde Cyrus y Swift hasta Katy Perry y Kelly Clarkson, está claro que algo hay en el agua bautismal en estos días: la élite del pop está plagada de chicas cristianas (sin duda la mano de Cristo está en todo esto). Pero puede que no tanto como la del profesor de canto y dicción de Nashville, Brett Manning, quien ha trabajado con Cyrus, Swift y Williams.

La música de Williams es menos furiosa que la de estas otras chicas, pero incluso aunque cante a la traición y al desaliento, canta otro tanto a la resistencia y la esperanza, sin hundirse jamás por debajo de un nivel que tiene en la fe sus raíces. ‘Looking Up’ cuenta la historia de un grupo a punto de disolverse que se retiran juntos. Su forma de describir la vida en carretera es lindísima y denota su asombro: "Can you believe we crossed the world while it's asleep?" (¿No es increíble que cruzáramos en mundo mientras éste dormía?), canta. "I'd never trade it in, 'cause I've always wanted this." (Nunca lo utilizaría como mercancía, porque siempre lo he deseado). Puede que Williams sea una profeta de adolescentes desafectos, pero su indiferencia es la de un orador que motiva. Incluso en su línea más acusadora y herida, sus canciones son palabras de aliento, a sus fans y a ella misma. No pega alaridos ni hiperventila. No gimotea. Es dura. La histeria, para los chicos.